El Alcázar
En lo alto de Carmona...
En la ciudad sevillana de Carmona, alzada unos doscientos cincuenta metros sobre el nivel del mar, en un promontorio que corona la comarca de los Alcores, se levanta el hotel Alcázar de la Reina, uno de los hoteles en Carmona con más historia y encanto. Como atalaya del tiempo, contempla un paisaje que reparte las eras en millones de años.
Desde los balcones y ventanas de su noble fachada, al viajero no le quedará sino deleitarse con los encantos naturales de la Campiña Sevillana y arrobarse ante la contemplación de las enigmáticas Cuevas de la Batida.
El Mirador
El Mirador, a las puertas del hotel y casi suspendido en el filo del collado, es uno de esos reservados rincones donde el mundo gusta mostrarse con sus más fabulosas composturas. En este privilegiado enclave del hotel en Carmona, la historia parece dar con el nombre de las cosas y hacerlas singulares, únicas.
Dirigiendo la vista hacia la derecha del Mirador, se descubren los restos amurallados del antiguo Alcázar de la Reina, que da razón y nombre al hotel, y cuya memoria evoca este lugar con nobleza. Puede decirse, así, que el hotel guarda y reinterpreta la esencia del antiguo alcázar, erigido sobre un otero desde el que la panorámica de la Vega rompe los confines del mundo. Contemplada desde allí, sobre ese estrado natural, cabe al viajero una indescriptible sensación de eternidad.
Historia del Alcázar
Tres mujeres, tres historias entre los muros del Alcázar
Durante el siglo XIV y la primera mitad del XV, estas estancias acogieron, por razones tan diversas como significativas, a tres figuras femeninas que, si bien no compartieron plenamente la condición real, sí fueron reinas a su modo. Leonor de Guzmán (1310–1351), influyente concubina del rey Alfonso XI; María de Padilla, que convivió casi dos décadas con Pedro I hasta su muerte en 1361, y fue proclamada reina post mortem; y María de Aragón (1396–1445), reina consorte de Castilla por su matrimonio con Juan II. Tres nombres propios que legaron su presencia y su leyenda a uno de los rincones con más encanto de la provincia de Sevilla, por donde también transitaron otras personalidades de gran relevancia.
Alojarse, hoy, en el Hotel Alcázar de la Reina, elegante hotel en Carmona, no es solo encontrar un aposento cuidado para jornadas de ocio o de trabajo, de celebración compartida o recogimiento personal. Es, sobre todo, dejarse llevar por el seductor eco de los siglos, cuando la historia aún no se escribía, sino que se vivía y se gestaba entre los muros que hoy acogen al viajero.
Pedro I
Experiencias
De manera que, reunidas en el Hotel Alcázar de la Reina esas dos referencias —espacial y personal, estancia y condición—, no cabe sino darse a la evocación, primero, y a la recreación, después, en una experiencia incomparable por singular.
Este hotel en Carmona, con sus luminosas habitaciones abiertas a los inconmensurables y fabulosos cielos de la Vega; sus distinguidas zonas comunes; sus amplios, versátiles y funcionales salones para actos y celebraciones; sus patios de inspiración mozárabe y elementos mudéjares; el disfrute de la piscina o de la gastronomía local en restaurante y bar, y la atención siempre presta y profesional de su equipo, contribuye de espléndido modo a esa vivencia única.
Hubo, en fin, un antiguo alcázar levantado en un prodigioso escarpe del Alcor, desde donde la Vega no tenía límites ni confines y la bóveda de los cielos se fundía con el horizonte en un mayúsculo y colosal lienzo del mundo. Existieron —y por eso vivieron— reinas que sobrellevaron su condición, pretendieron gozarla o padecieron la adversidad y el desengaño.
Hoy, ese legado toma forma y abre sus puertas el Hotel Alcázar de la Reina, noble hotel en Carmona con historia, para rememorar aquella conjunción de tiempos y destinos, y convertirla en parte de la historia personal y gozosa de sus venturosos hospedados.